Ismael León Arias
A escasos 15 días de las elecciones generales 2011, la ínfima distancia que separa a los 5 primeros candidatos presidenciales dificulta pronósticos plausibles y conclusiones duraderas. Ocurre que comportamientos públicos parecidos entre los contendientes, vienen arrojándoles resultados muy distintos, hasta opuestos. Por ejemplo, se dice que las peleas han perjudicado por igual a quienes se enredaron en ellas; algo cierto, luego de las broncas entre Toledo y Castañeda. Pero a muchos electores estas broncas los habrían aburrido y hoy estarían abandonándolos. Sin embargo, cuando Toledo comenzó su campaña, trenzado con Alan García, consiguió muy buenos resultados. Conclusión, el culantro es bueno pero dosificado.
Otra. La moderación y el silencio son muy apreciados por la ciudadanía. En verdad, a Castañeda le sirvieron mientras no había campaña y los electores estaban en otra cosa. Pero en diciembre 2010, la CADE en Cusco, donde una buena exposición era premiada con alta nota, el Mudo quedó mal ante el auditorio. Y allí comenzó su caída. Moraleja: En política las moscas penetran las bocas más cerradas. Y luego la gente descubre que tienen poco o nada que decir.
La corrupción cobra sus costos. Hoy es evidente que el desbarranque del hombre de las escaleritas se aceleró cuando, gracias al periodismo quedó al descubierto su manejo maleado del municipio limeño. Los casos Comunicore y la cesión de facultades a un organismo de Naciones Unidas, para encubrir operaciones multimillonarias, son de su cosecha. Que los ayayeros del ex -alcalde culpen a Susana Villarán, no hace sino abrirle más la herida, por donde hoy se le escapa una hemorragia de votos.
Un lugar común. Para el limeño el centro es el espacio político donde se siente más cómodo. Ahora es verdad. Pero equidistancia entre inmovilidad o reformismo, no equivale a tolerancia con el crimen ni indiferencia ante víctimas de la violencia estatal. Confundir esto afectó a la candidatura de Keiko Fujimori, cuya intención de voto hoy parece más un tumor encapsulado en un cuerpo social enfermo.
Lo de Pedro Pablo Kuczynski confirma que para cierta juventud desangelada, ilusionarse con una mezcla de Pizarro con Bush es la fantasía perfecta de estos días. Mejor si viene con doble ciudadanía. Así, su mundo ideal estaría a la vuelta de la esquina. Hay que recordar que el año 2001 muchos votaron por Toledo porque vieron en él al “cholo” que triunfó en el extranjero. Hoy tal vez quieren al extranjero en persona, con su toque criollo.
El gringo es un político achorado, a cuya trayectoria le encontramos un gran parecido con la de Gonzalo Sánchez de Lozada, boliviano que fue dos veces presidente de su país, aunque en la última (2003) debió huir por los techos rumbo a Miami, antes de terminar su impopular y tormentoso mandato.
Popularmente conocido como “Goni”, nació en La Paz el 1º de julio de 1930 y ganó su primera presidencia en 1993, cuando tenía 63 años. PPK recién sueña con hacerlo a los 73. Hijo del diplomático Enrique Sánchez de Lozada Irigoyen, su niñez y parte de su juventud transcurrieron en los Estados Unidos. Kuczynski es hijo de un ciudadano polaco, vivió en Miraflores y estudió en el Markham, que no es lo mismo pero se le parece. “Goni” habla el inglés como primera lengua; el español lo mastica con fuerte acento americano. Y si alguna vez observan personalmente a PPK, habrán de reparar que cuando conversa piensa en inglés, luego discurre en español, aunque con más fluidez que el boliviano.
GSDL hizo fortuna en la minería del Altiplano, mientras PPK aprendía las mañas de banquero en Norteamérica, con un curso previo y rápido acá, en el Banco Central de Reserva, allá por 1968. Aquél entró a la política con el Movimiento Nacionalista Revolucionario –MNR- de Paz Estensoro, éste con Acción Popular, de Fernando Belaunde. En su segundo gobierno Sánchez de Lozada privatizó el agua de Cochabamba, incluyendo lluvias acumuladas en reservorios. En este punto y en otros, Kuczynski no tendría ningún empacho en imitarlo.
Lo de Humala desconcierta. Un día está inspirado y otro amanece con Cipriani. ¿Será que la ambigüedad es nuestro signo y él lo sabe? Si ese es el humor limeño, entonces aquí se inventó la medianía y el hueveo como recurso del método. No obstante, el ascenso de Humala puede llevarlo a la segunda vuelta sin escalas, y allí agárrense si no se bajan antes. Sólo faltará que Alan García confiese en público su abierta preferencia por PPK, y corra por calles y plazas previniéndonos frente a los peligros que nos acecharán. Como lo hizo Julio Cotler el año 2006, cuando transformado en el gurú del campo Marte, donde está su antigua chamba, el Instituto de Estudios Peruanos, advirtió que ante un triunfo del nacionalista, por lo menos millón y medio de peruanos huirían del país, despavoridos.
Como fuere, los 16 días que tenemos para la primera vuelta y las dos encuestas que nos faltan sólo nos prometen la seguridad de la incertidumbre, aunque algo se va decantando. Lo que parece perfilarse en el horizonte inmediato podría ser un par de defunciones al paso y sin remedio. Fujimori y Castañeda, cuyas candidaturas ayer robustas, hoy lucen casi exánimes.
Si esto es así el camino parecería más despejado, aunque no tanto para Alejandro Toledo. ¿Estabilizará su caída hasta asegurarse por lo menos el pase a la segunda vuelta, o no se detendrá hasta el tercer escalón? En contraste, la tendencia de Humala al crecimiento parece consistente y el gringo todavía tendría techo, especialmente entre jóvenes universitarios A-B y las barras bravas del C. Entonces no es de locos imaginar una segunda vuelta con un narrador que anuncie: “¡En esta esquina Pachacutec… y en la otra… el Pizarro de Miami!”.
Pero vamos por partes.
¿Y cómo sería una eventual segunda vuelta Toledo-Ollanta? Es probable que por el calor de las broncas, el APRA no vote por Toledo y lo haga por el nacionalista. En cambio el caudal de Castañeda sí podría dirigirse a Toledo, como el de PPK. ¿Y los indecisos de hoy? Nos tendrán en suspenso hasta el último día.
En este desmadre que es el Perú en tiempo de elecciones, todo y nada se salen del cuadro. Recordemos 1990. No es que el electorado fuera tan volátil. Ocurre que los candidatos eran inconsistentes. En marzo de 1990, dos semanas antes de la primera vuelta, en una encuesta de Datum, el Fredemo de Mario Vargas Llosa alcanzaba el 49,6%, seguido por el Apra con 20,2% y “un chinito como tú”, de Cambio 90, apenas lucía 5,8% en la intención de voto. Sin embargo, el primer veredicto de las urnas le otorgó 33% a Mario Vargas Llosa y 29% a ese fantasma llamado Alberto Fujimori, que por primera vez unió al Apra con la izquierda. En segunda vuelta el resultado fue Cambio 90 con el 62%, mientras el candidato culto, sobre entrenado pero amenazante, hoy premio Nóbel, apenas reunió el 38%.
Insistimos en recordar los errores de esa campaña. La novedad del cambio era el Fredemo. Pero el novelista no tuvo mejor idea que comenzar su campaña fotografiándose flanqueado por Elías la Rosa y Luis Pércovich, conspicuos ex ministros del PPC y AP, socios en el fracaso aún humeante del segundo belaundismo, con una corrupción idéntica a la que hoy nos hiede. Vargas Llosa entonces no ofrecía a los peruanos llevarnos a la tierra prometida del liberalismo. No. Nos amenazaba con hacernos suizos en cinco años, mediante una lluvia de despidos, reajustes sin nombre y el fin de los subsidios. Ya sabemos. Ganó el encantador con promesas, el que supo ofrecer. El mentiroso.
En este punto debemos recordar que las encuestas consultan sólo al equivalente del 75% de la población. Un 25% no está en la pizarra y son mayoritariamente campesinos. ¿Quién ha cortejado más el voto de esa población? ¿Cambiará en los próximos días el humor político que hoy registran las consultas? Todo indica que sí. Hay un voto escondido y se estaría moviendo hacia Humala y Kuczynski, a costa de Toledo y lo que queda de Castañeda. Muchos no quieren ni imaginar una segunda vuelta sin el hombre de la chacana. Y tal vez tengan razón…pero.
¿Qué pasaba pocas semanas antes del 9 de abril del 2006, las elecciones que llevarían por segunda vez a García a la presidencia? Una consulta de la Universidadde Lima revelaba que el 37,8% de los votantes capitalinos estaba poco interesado en esos comicios. Que el 11% decidiría su voto una semana antes. Que un 13% lo haría a boca de urna. Y que un 21,2% optaría por el mal menor. Fue cuando el baile del perreo sedujo a una multitud de muchachos desorientados, votantes primerizos. Entonces el novelista aconsejó: “tápense la nariz y voten por el mal menor”.
Hoy, cuando apenas faltan dos semanas para la primera vuelta, ¿en qué andan los electores? Salta a la vista. Los medios de la derecha, que en los últimos meses exigieron que los candidatos se corten el cabello para ver restos de cocaína, ahora, con harta hipocresía, lamentan falta de interés en los programas. Una amenaza frecuente de los empresarios mineros a los candidatos, es que no les cobren impuestos a las sobre ganancias. La verdad es que entre muchos ha cundido el aburrimiento, una especie de hartazgo frente a lo mismo durante demasiado tiempo. Así andamos.
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