La Biblioteca: de símbolo nacional a cueva de Ali Babá
Publicado por Ismael Leon en 27 Enero, 2009
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Mafia trafica libros en las narices de Hugo Neyra Escribe: Ismael León Arias Ricardo Palma, Jorge Basadre, Sinesio López, tres grandes directores en la historia de la Biblioteca Nacional. Cada uno aportó con su talento y denuedo a la recuperación e impulso de ese símbolo cultural del Perú. Todos tienen un merecido lugar en su historia. Cuando se escriba el anecdotario, Hugo Neyra Samanez, actual director, será recordado porque bajo sus narices operó una mafia que traficaba valiosos libros. Y además permitió que esa Biblioteca sea reducida a la condición de cueva de Ali Babá. La mala noticia fue publicada ayer en primera página de El Comercio. Se trata de la denuncia -por ahora anónima- de un ciudadano que meses atrás recibió la inesperada oferta de un sujeto que le ofrecía en venta cuatro libros publicados en los siglos XVI y XIX, tres en España y uno en México, procedentes de la BN. El ciudadano de esta historia pudo ver fotocopias de “Querétaro. Memorias de un oficial del emperador Maximiliano”, del militar francés Alberto Hans, publicado en México en 1869. Y el “Compendio histórico, geográfico y genealógico de los soberanos de la Europa”, de Manuel Trincado, ejemplar de quinta impresión publicado en Madrid en 1769. El tercer tomo ofrecido es “Instrucción de confessores, y penitentes, desengaño universal que con toda claridad manifiefta el feguro camino del cielo”, cuyo autor es Daniel Concina. Se destaca que es un valioso ejemplar hecho en la imprenta madrileña de Miguel Escribano, en 1766. Es un libro que en diciembre del 2006 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, junto a otros 23 títulos de los siglos XVII y XVIII. Y la mejor pieza que tuvo ante sus ojos fue el libro titulado “Papirii massoni annalium”, del historiador francés Jean Papire Masson. Data de 1578. “Por apenas veintiocho años no es un incunable”, le dijo Jorge Vega al periodista de El Comercio, David Hidalgo, quien señala que Vega conoce muy bien el mercado de libros antiguos de Lima. La tapa del ejemplar –reseña el reportero- es de una gran belleza. Tiene bajorrelieves en pan de oro y un grabado con el retrato del autor. Los traficantes no se tomaron la molestia de retirar la etiqueta con el código de barras de la BNP, concluye. La primera reacción del anónimo caballero fue rechazar la propuesta. Pero tendió un anzuelo al bárbaro. Vuelva tal día, le prometió. En el ínterin preparó su denuncia y la llevó al decano de la prensa peruana. La historia continuará en estos días.
El transfondo
Esto viene con cola. Y es que luego de la furtiva venta de la sede central del ministerio de Educación, el ministro Eugenio Chang, jefe de Neyra, sus dos viceministros y otros funcionarios, amanecieron en los sótanos de la Biblioteca Nacional, donde el anfitrión esperaba a sus furtivos asilados. Después sabríamos cómo fue la mudanza-relámpago hacia otros edificios estatales. Una parte fueron a la desaparecida minera Centromín, otra se acomodó en los improvisados vericuetos del Museo de la Nación y el ministro y su cohorte a los sótanos de la Biblioteca. Se desconoce el precio pactado entre gallos y medianoche por la venta del terreno de la calle Cavallini, a Inmobiliaria Brescia, que junto con Graña y Montero se han sacado el número de la suerte en estos negocios ordenados por Alan García a sus subordinados. Nunca en la historia del país se ha visto tanta grosera ineptitud, explicable únicamente por el apuro para hacer cera y pabilo con los bienes nacionales, de espaldas al escrutinio de la opinión pública. Salieron de la calle Cavallini como gitanos en fuga, sin tener un nuevo local donde atender a maestros, estudiantes y padres de familia. No importaba lo que pasara después. Cuando todo se supo, el negocio estaba cerrado, tal como debieron planearlo los Atilas que hoy barren las arcas peruanas. La modalidad inaugurada por García bien podría denominarse “remate y fuga”, algo que hasta ahora viene dando felices resultados a la mafia en los terrenos de Collique, pero que no pudo lograr con el suculento Pentagonito, gracias al periodismo. Las preguntas que muchos nos hacemos son: ¿Cuántos otros bienes públicos ya corrieron la misma suerte?, ¿Qué otros tesoros de la familia están en la mira de los facinerosos?
Palma, Basadre, López
Y Hugo Neyra Samanez, el sociólogo formado entre San Marcos y La Sorbonne, quien de joven escribiera “Cusco, tierra o muerte”, permitió que la sede de la Biblioteca sirva de cobijo a semejantes mercaderes de la educación. Qué diferencia con el comportamiento de Palma, Basadre y López. Cuando la Bibioteca Nacional fue fundada por el general José de San Martín, recibió una donación de libros del propio libertador, quien le donó cerca de mil ejemplares de su propio patrimonio. Pero quiso el destino que en 1823, las tropas realistas que se negaban a abandonar Lima y en 1880 la soldadesca chilena, pisotearan sus ambientes y los convirtieran en caballerizas. Los rotos se robaron unos 10 mil ejemplares, entre ellos muy valiosas colecciones únicas, además de instrumental de investigación químico – física, muestras minerales y botánicas e incontables manuscritos. De este botín y luego de muy prolongadas gestiones, el Perú apenas ha recibido en devolución la tercera parte de los volúmenes saqueados y ninguno de los otros tesoros culturales mencionados. ¿Hace algo Neyra para incrementar la recuperación del patrimonio robado por la soldadesca sureña con aprobación de sus políticos? En 1943, durante el gobierno de Manuel Prado Ugarteche, se produjo el incendio que dejó la Biblioteca en escombros. En esa oportunidad le tocó al historiador don Jorge Basadre, emprender la enorme tarea de su recuperación Y la consiguió. La década del 90, tiempos del fujimorato, vio la sucesiva postergación en el levantamiento de la actual sede, que sólo fue concluida con Toledo, gracias al denodado emprendimiento de Sinesio López, el director que siguiendo la tradición de Palma, el “bibliotecario mendigo”, reunió de sol en sol los fondos para culminar la obra y hacer la mudanza de la avenida Abancay a San Borja. Hoy vemos otras mudanzas, nada épicas, nada altruistas. Traslados clandestinos, a oscuras, propias de ladrones. Robos de joyas culturales, la memoria del país. Y usted Neyra, de patético recepcionista. Qué lástima.
Lima, 26 de enero 2009
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