Columna de León

Artículos de opinión sobre política peruana y del mundo

Archivo de Diciembre 2008

XI Encuentro Internacional de Teatro de Grupo Ayacucho 2008

Publicado por Ismael Leon en 9 Diciembre, 2008

Teresa y Ana, damas de dos mundos

Escribe Ismael León

 Aquella mañana de noviembre, en el salón principal del Centro Cultural de la Universidad de Huamanga, hora y media después de la soberbia deconstrucción de Antígona por Teresa Ralli, el público no terminaba de bajar de la nube. De pronto Ana Correa ya estaba sentada en un vértice del escenario, esperando recobrar el silencio, que efectivamente sobrevino cuando los asistentes repararon en ella y callaron.

 

“Desde niña me gustaron los viajes –comenzó a media voz-; sería quizás porque mi padre fue mecánico de aviación y hacía vuelos de prueba, pero también porque tuve un tío, chofer de camión carguero, que iba siempre a la selva. Años después, cuando estuve más grande, viajé al Cusco, y allí conocí a una vendedora de ‘detentes’ que resultó santera”.

Ana alza un estandarte de seda incrustado con estampas religiosas, para revelarnos que  el día que llegó allí, hacia como trece años y debido al miedo impuesto por el terrorismo, la procesión de Santiago no salía, pecado que la mujer prometía reparar si el apóstol le devolvía sus mellizos desaparecidos.

Este episodio, que quedaría en la memoria de Ana, sería luego de conversar intensamente con Miguel Rubio y el resto del elenco, el origen de una de las puestas más requeridas por el público de Yuyachkani. Y quienes asistimos a Huamanga, percibimos súbitamente que Ana nos había introducido en el triple cruce de la historia, su biografía y el arte. Sutilmente atravesábamos esa delgada línea gris que separa la vida de la creación.

Dicen que en América Latina, la realidad se cruza mil veces diarias con el arte y lo supera, ante el pasmo de creadores y público. Ese viernes 28 lo comprobamos. Aunque para entenderlo mejor, es necesario reconocer que en el Perú de hoy los discursos políticos están agotados por palabras huecas, que el ciudadano común se niega a escuchar. Si queremos comunicarnos nos queda el arte, no como recuperación de esa realidad falseada que nos abruma, sino con el estilo Yuyachkani en el teatro, es decir, reinventada y asumida.

 

                                                         Dos veces yerma

Siguiendo el ritual, Ana contó cómo la puesta de Yerma ocurrió mientras atravesaba la prolongada angustia de una ansiada maternidad que no florecía, y que vivía a la par de una férrea militancia. Pagó la cuenta el papel de la maestra de escuela, que adquirió la faz de una educadora dogmática, yerma, que desfogaba sus pasiones en soledad.

Avancemos con el relato de Ana. Un mal día llegaron las amenazas de muerte de Sendero Luminoso contra ella y el elenco. Los cargos: Su arte atentaba contra los intereses populares, estaba al servicio del enemigo. Pensamiento Gonzalo. En el grupo el debate se redujo a seguir adelante o salir del país con sus familias. Muy simple. Decidieron quedarse, en momentos que la violencia se extendía por todo el territorio.

Ya sabemos cómo terminó Guzmán; ocho años más tarde asistiremos a la huída de Fujimori, que dejó al garete su organización clepto-criminal. El 2001, con el gobierno de Valentín Paniagua, nacerá la Comisión de la Verdad. La memoria del país será requerida para un balance, que también servirá como terapia nacional. Yuyachkani extenderá su testimonio en esa autopsia social, cuyas conclusiones enfrentarán –cómo no- la hostilidad del gobierno, la derecha y los militares.

Llego aquí y caigo en cuenta que mi propósito de escribir acerca del Encuentro de Ayacucho está en un callejón sin salida. Otra vez la política menuda, contingente, aquella que nos conduce a esa esterilidad de nombre propio: Fujimori, Toledo, García. No es vicio profesional. Es la memoria, ese insumo del que nos hablan Barba, Rubio y la escuela que ha hecho de cada puesta una catarsis recurrente y colectiva.

Volvemos a Ana. En sus correrías conoce a Vera Lentz, fotógrafa autorizada por el Ejército para plasmar sus operaciones. Asistirá a los campos de exterminio senderista en territorio asháninka. Antes habrá conocido los estragos de la campaña fujimorista de esterilización masiva. Mujeres amazónicas, mujeres andinas, unas y otras objeto del odio fundamentalista de Guzmán y el refugiado de Tokio. Para Yuyashkani, por el momento, todo se reduce a material, la procesión irá por dentro.

Año 2002. Estrenan Sin Título, técnica mixta. La historia que veremos durará más de un siglo, desde la guerra con Chile hasta los 90. No habrá galerías ni asientos. Los actores no actuarán, simularán estatuas o fotografías. Los textos serán leídos por la concurrencia. El público en principio no será público, será partícipe del drama que tendrá ante sus narices. Ana cubrirá su desnudez con una kushma asháninka, con fotos estampadas de la comunidad diezmada. Más allá su hermana Débora, Augusto Casafranca, Teresa y Rebeca Ralli, Julián Vargas. Dentro de ellos otros tantos personajes del drama peruano del siglo XX. ¿Sólo del siglo XX?

Al culminar el relato de Ana, el maestro Eugenio Barba luce conmovido. Corre hacia ella y la abraza emocionado. Pide que la asistencia le hable. De sopetón un joven periodista le pregunta a la actriz: -¿A qué le tienes miedo?

Ana medita un instante, responde: “A no saber proteger a mis hijos”.

 

Lima 6 de diciembre 2008.

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Un arte para la memoria, los sentidos y la conciencia (1-3)

Publicado por Ismael Leon en 5 Diciembre, 2008

Teatro de la luz

Escribe: Ismael León
La semana pasada disfruté en Ayacucho del XI Encuentro de Teatro de Grupo; gocé de excelentes representaciones, aunque disimulé las inmaduras; aprecié la grandeza de muchos actores, actrices, directores y músicos, contrapesados por algunas carencias; observé puestas estremecedoras, junto a otras patéticas…al final mi balance fue alentador, porque me ayudaron la curiosidad insaciable y el goce de la niñez y juventud de Huamanga.

Me felicité por haber escapado de Lima con Mercedes entre el 23 y el 30 de noviembre. Esquivamos así el inútil cerco de la APEC y nos ahorramos un show que incluía a Bush y García juntos, ¡qué perspectiva!

Asistimos para ver a dos metros de distancia el trabajo de Eugenio Barba y sus artífices del Odin; internarnos en los vericuetos de Teresa Ralli y Ana Correa, de Los Yuyach; halagar ojos y oídos gracias a Luis Sandoval y su Kimbafá; seguir al Arguedas-niño de la mano de los muñequitos de Graciela Ferrari; elevarnos la presión con La Rueca de México y despeinar el alma con los rítmicos pasacalles ayacuchanos.

Huamanga fue capturada durante seis días con sus noches por unos 200 artistas, gentes que ha hecho del teatro su modo de vida, el objeto de sus pasiones y en algunos casos escuela para nuestros hijos y nietos.

Advertencias

La primera: el suelo no está parejo en el mundo para este teatro que se llama de grupo, menos si declara abiertamente que no le interesan las demandas del mercado. Segunda, tiene enemigos adentro como ese crítico narciso, pero también insulsos repetidores con la hoja de ruta equivocada.

Fabián Castellani, actor y profesor argentino, nos previno uno de los primeros días. Hace dos siglos –recordó- con el derrumbe del romanticismo se vino abajo el mecenazgo y se abrieron las fauces del mercado para artistas condicionados por reyes y jerarcas de la Iglesia. Hoy seguimos en aquello.

Pero Barba intenta reconciliar el arte con la política. “El teatro es el arte de crear relaciones –nos dijo durante una entrevista-, relaciones con el pasado, con textos clásicos y contemporáneos, con tu propia biografía. Observa cómo un arte aparentemente inútil, se deposita en el alma o en los sentidos, como un virus o astillas radiactivas. Y de pronto te hace reflexionar”. Sobre esto volveré en próximas entregas.

Iben y Roberta

Ahora quiero detenerme en la demostración que hicieron sus discípulas Iben Nagel y Roberta Carreri, durante las primeras jornadas pedagógicas. Cada una desmontó sus técnicas actorales de cara al público. Apreciamos la cambiante gestualidad de ambas, su flexibilidad corporal y riqueza vocal, resultado de una tenaz preparación y larga paciencia. Claro, ambas hablan perfectamente el español, entre otras cuatro o cinco lenguas.

Menuda, Iben regaló durante una hora parte de sus técnicas expresivas, que según contó ha enriquecido en veinte años con Eugenio Barba. El dominio de la danza, música y acrobacia  son parte de su patrimonio. Sólo parte.

El manejo de sus cuerdas vocales le permite cantar como un ruiseñor, pero un instante después puede gruñir como ogro en do mayor. Ella está en condiciones de asumir un personaje dramático y llevar al espectador a una tristeza profunda, aunque acto seguido puede “enfriar” ese sentimiento mediante una certera humorada.

Minutos después la bella Roberta nos llevó de la mano para mostrarnos su dominio de brazos, piernas, tobillos y columna, tanto como su gestualidad. Con esos recursos y en pocos minutos, la italiana representó a Judith, personaje bíblico que engañó al general Helofernes, al mando de un ejército egipcio que invadió su país por órdenes del rey Nabucodonosor.

Comenzó con el ardid al que Judith recurre para penetrar en el campamento del milico haciéndose detener por sus soldados. Luego se hace invitar a una cena íntima y culmina su notable actuación cortándole la cabeza al mayor enemigo de su pueblo, en un instante de alto dramatismo, sin música ni efectos de luces.

El hervidero

Pero no se trata únicamente de destrezas adquiridas. El tema o los textos son propuestos, indistintamente, por el director o los actores, luego de una maduración a veces cerebral, otras emocional; muchas otras al azar, brotadas de la anarquía de la vida. Después viene lo más bravo, aquello que podríamos llamar creación recreativa. Una historia que por su naturaleza comenzó con seis actores previstos, termina en un unipersonal. Y si fue pensada con diálogos clásicos; puede acabar con versos poéticos.

Entre el público de estas muestras estuvieron los propios concurrentes al certamen, junto con jóvenes estudiantes de arte de la universidad de Huamanga y escolares seleccionados. Algo inusitado. Al terminar su exposición ambas fueron aclamadas por una concurrencia puesta de pie, obligándose así al clásico retorno de agradecimiento. Y sólo era un ensayo. Seguiremos.

Huamanga 1° de diciembre 2008

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