Escribe Ismael León Arias
El jueves 14 el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, asumió en el centro de una fiesta cívica celebrada con Cristina Fernández (Argentina), Luis “Lula” da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador), José Zelaya (Honduras), Daniel Ortega (Nicaragua), Hugo Chávez (Venezuela) y Tabaré Vázquez, (Uruguay), entre otros. ¿Quién asistió en representación del Perú? El vicealmirante Luis Giampietri.
Esto me hizo recordar la respuesta que le dio su nana al escritor Alfredo Bryce, un día que él llamó por teléfono desde París a su casa en Lima y le preguntó cómo estaba. “Aquí pues, Alfredito, dándole pena a la tristeza”. Igual de patética se me antoja la presencia del marino peruano en las celebraciones de Asunción.
¿Qué significado tuvo el vicepresidente amigo de Fujimori y Montesinos, en esta primera reunión con el nuevo mandatario de Paraguay, en la que se dieron cita quienes representan hoy las esperanzas de un cambio en democracia?
En el lenguaje de los gestos, enviar al marino fue como decirle al sacerdote Lugo: “Señor presidente de Paraguay, su elección me importa un rábano, usted es un cura rojo rodeado de gobernantes rojos con quienes me siento mal; además, como no me interesa la integración en MERCOSUR, yo sólo estoy bien con Bush y Uribe, que tampoco irán a su fiesta porque nos hemos puesto de acuerdo”
La consecuencia será que el Perú seguirá deambulando en el aislamiento, movido por una política exterior orientada por móviles extraños y ajenos al interés nacional. ¿Qué nos espera con semejante timonel, en momentos que América Latina busca integrar y fortalecer sus políticas, no sólo frente al poderío económico norteamericano, sino ante la cohesionada Unión Europea y la expansión asiática?
Por el momento García le impide a la industria y los servicios del país beneficiarse del petróleo venezolano, inyectado con sustanciales descuentos en Ecuador y ofrecido en las mismas condiciones a Bolivia, Argentina, Uruguay y Paraguay, con el añadido de que balancearán el comercio con productos manufacturados.
Como Chile, tenemos dificultades energéticas. Pero mientras Bachelet se interesaba en el gas boliviano y posiblemente negociaba su compra con Evo en Asunción, García disfrutaba una fiestita en la casa de gobierno, organizada por Luciana León y animada por Los Cinco. En caso de crisis no tendremos el gas de Tarija, pero el huevón de Palacio tendrá anécdotas para contar a sus nietos.
No sólo eso. La taimada actitud presidencial nos deja aislados frente a Santiago, de cara a cualquier roce con los vecinos en nuestras siempre conflictivas relaciones. García se ha postrado ante Bachelet, pero ha sido insolente y altivo con Evo Morales, distante con Cristina Fernández y Tabaré Vásquez, desdeñoso con Correa y para colmo falderito con Bush, justo cuando su gobierno se acaba.
¿Y el canciller existe? Claro, está en un cóctel en la embajada de Transilvania.
Lima, 16 de agosto 2007
