Protestas en Cusco, Puno, Ayacucho y la Amazonía
Escribe: Ismael León Arias
Paro tiene motivos económicos, pero es también una sana reacción contra el engaño, el abuso y la frivolidad de un presidente que abre las puertas de Palacio a los chilenos, pero se las cierra a trabajadores y empresarios peruanos.
El paro nacional ya comenzó el martes y con mucha fuerza. La primera señal la ha lanzado la Amazonía, confrontada contra la “ley de la selva”; simultáneamente en Cusco el pueblo ha suspendido el servicio de trenes a Machu Picchu y ha interrumpido las vías hacia Abancay y Puno. En este último departamento los campesinos de Azángaro, Melgar y San Román también han bloqueado los caminos; mientras en Ayacucho escolares y universitarios pifian a las tropas norteamericanas que caminan por sus calles. Esto para comenzar.
La protesta deberá extenderse hoy miércoles por todo Lima y el resto del país, no sólo por legítimos reclamos económicos, también y muy especialmente en rechazo a las continuas patrañas presidenciales, a su vocación por el insulto y el abuso contra los trabajadores, a su ineptitud y frivolidad inherentes a su estilo de gobierno.
Ese Alan García candidato, que se sumó al paro del 2004, cuando acariciaba el sueño cumplido del retorno, en fondo y forma es el mismo que hoy, como presidente, deambula de aquí para allá convertido en la pesadilla de millones de peruanos, a quienes amenaza con los tanques que alguna vez usó el “general victorioso” para amedrentar a la oposición.
Este es el tipo que abre el Palacio de Gobierno como teatro para que allí se firme la compra de Wong por los chilenos, o usa el salón Túpac Amaru para melindrear con Sebastián Piñera, próximo candidato presidencial de la derecha de ese país; pero a la vez niega sus espacios para discutir con la CGTP o los gremios agrarios de costa y sierra.
Montesinos y las Fuerzas Auxiliares
Estupefactos los peruanos escuchamos en la televisión al reo Vladimiro Montesinos, en un viejo video usado por el gobierno contra el paro. Según Jorge del Castillo y Luis Alva Castro, si eso sirvió años atrás, por qué no emplearlo ahora. A semejante moral idéntica práctica política. Por primera vez se revelan las semejanzas éticas entre García y el capitanzuelo que traicionó a la patria. Estos son los nuevos siameses de la política peruana.
Pero hay más en torno al paro. Según la Constitución fujimorista, a la Fuerza Armada le corresponde, primero, “garantizar la independencia, soberanía e integridad territorial de la República”. Y en estado de emergencia declarado -es decir, eventualmente- esos militares “asumen el control del orden interno si así lo dispone el Presidente de la República”. Esa misma Carta es la que destina a la Policía Nacional a vigilar las fronteras y “garantizar, mantener y restablecer el orden interno”. Es pues, una fuerza auxiliar.
Pero según el ministro de Defensa Antero Flores Aráoz –derechista jubilado y resurrecto por García- “el Ejército saldrá hoy a las calles para ‘auxiliar’ a la Policía. Es decir, soldados, marinos y aviadores, convertidos de la noche a la mañana en segundones de la tombería. Lo que confirma que en un gobierno esquizofrénico todo pierde sentido, comenzando por el descrédito de la palabra.
De modo que hay que tener muy presente la vocación violentista y abusiva de García, que podría haberse traducido en órdenes destinadas a provocar la violencia. Desde aquí lo advertimos. Si por desgracia hoy se comete un nuevo crimen en las calles, la responsabilidad mayúscula le corresponderá a quien tiene la facultad de sacar a las tropas de sus cuarteles. Estamos advertidos.
Lima, martes 8 de julio 2008
