Vendieron las lluvias
Publicado por Ismael Leon en 16 Abril, 2008
Una historia poco conocida y que nos puede ocurrir a los peruanos
El día que privatizaron las lluvias de Cochabamba
Entrega I, tomada del video THE CORPORATION (*)
Escribe: Ismael León Arias
A fines de 1999, en Bolivia, el segundo gobierno de HUGO BANZER privatizó los servicios de agua potable y alcantarillado de COCHABAMBA. El general, travestido de demócrata para obtener la presidencia mediante el voto, se había inclinado ante el BANCO MUNDIAL y el FMI, que ya habían conseguido que el gobierno vendiera sus ferrocarriles, la electricidad, los teléfonos y su antigua aerolínea, para pagar inacabables deudas a la banca internacional. Todo a precio huevo.
Al finalizar el siglo XX las alzas de esos servicios en manos privadas tenían irritados a los bolivianos y LA PAZ era el epicentro de las protestas dirigidas por la Central Obrera. Pero a comienzos del 2000 el desmadre se traslada a COCHABAMBA, por la privatización del agua de esa ciudad. Cuando los pobladores recibieron los recibos de los nuevos dueños, debían pagar en promedio consumos mensuales de 60 dólares, bajo riesgo de perder casas, terrenos, vehículos o cualquier bien de su propiedad. Los cobradores se llamaban AGUAS DE TUNARI, chapa local de la BECHTEL CORP. DE SAN FRANCISCO, EUA.
Así lo estipulaba el contrato firmado con los compradores del SERVICIO MUNICIPAL DEL AGUA –SEMAPA, empresa que por la ridícula suma de 200 mil dólares y promesas de inversión, había entregado sus bienes en concesión por 40 años. Lo que precipitó a la población a las calles fue que cuando comenzaron a acarrear el agua de las lluvias con baldes y bateas, aparecieron unos guachimanes para impedirlo por órdenes de los nuevos propietarios.
Este episodio ha sido contado por OSCAR OLIVERA, dirigente del COMITÉ DE DEFENSA DEL AGUA Y LA VIDA que surgió en esos días, y su relato está registrado en el video arriba citado. Al comienzo los cochabambinos no lo podían creer. Pero la indignación se desbordaría al poco tiempo. “El recibo emitido por Aguas de Tunari decía que ellos eran los dueños hasta de las aguas de lluvias, que las usarían para reposición, por lo que nosotros estábamos impedidos de hacerlo”.
Convertido de pronto en conductor de la protesta, Olivera ha declarado que las familias más pobres, frente al primer recibo, sacaron a sus hijos de las escuelas para que ejerzan como guardianes de sus casas mientras ellos iban a trabajar, puesto que nadie podía pagar esa suma y temían verse embargados.
“El agua es nuestra ¡carajo!”
“Con esa consigna la gente salió a las calles y tomó los caminos para protestar”, ha recordado Olivera. El dirigente subraya que fue entonces cuando la población tomó conciencia de que el gobierno trabajaba para las transnacionales, y confirmándoles la presunción, la primera respuesta que recibieron fueron balas y gases. “Cuanto más resistencia se hizo a la privatización del agua, más violenta era la respuesta del gobierno”.
Pero lo que Bánzer y sus nuevos socios no habían calculado fue el impacto del golpe entre la gente de Cochabamba. “Es que las alzas eran de 100 por ciento y en muchos casos de 200 por ciento, algo que la mayoría no podía pagar”. Pretendían cobrarles por agua a los cochabambinos más de la mitad de sus ingresos, que en la mayoría de los casos no pasan de 100 dólares mensuales.
Así llegaron a fines de enero del 2000 y la ciudad estaba convulsionada. La organización de Olivera debatía y actuaba. Calles y plazas de Cochabamba vivían en vigilia permanente, con los vecinos discutiendo a cada momento con sus directivos. En febrero la respuesta de La Paz fue enviar al Ejército, no para amedrentar como creyeron algunos, sino para reprimir enérgicamente.
Por esos días los medios de la capital desbordaban amenazas de Bánzer y sus ministros. “No permitiremos que unos cuantos comunistas impongan sus trasnochadas políticas al país”, vociferaban. Los argumentos del Comité de Cochabamba no salían en los periódicos ni en la televisión. La respuesta popular fueron las radio emisoras móviles, que funcionaron alternándose en sus locales para evitar la persecución policial. El gobierno mandó más soldados y Cochabamba fue copada por los soplones.
Se multiplicaron
La organización del Comité de Defensa creció como una red internacional. De La Paz llegaron políticos opositores y del extranjero periodistas, ambientalistas y opinadores de todo pelaje. La censura de Bánzer fue desmoronándose. “Para nosotros fue una gran experiencia de lucha –ha dicho Olivera- porque todo lo hacíamos con el pueblo, contra la opinión de algunos que venían de la capital a decirnos que esa gente no sabe nada, que el manejo del agua requiere mucho dinero y que es un problema técnico”.
Llegó febrero y en los primeros días arribaron más soldados paceños. La policía entró en repliegue y la desconfianza empezó a apoderarse del gobierno, que al mismo tiempo que negociaba en retirada, disparaba a la gente sin titubear. Ese mes hubo 175 heridos y dos escolares quedaron ciegos. “Hubo centenares de jóvenes heridos de 16 y 17 años, algunos perdieron brazos y piernas, otros quedaron paralíticos y en abril mataron con balas en la cara a VICTOR HUGO DAZA”, rememora Oscar Olivera. Ese mismo mes el gobierno ofreció congelar las tarifas y revisar el contrato. La respuesta del Comité de Defensa fue exigir la nulidad. Los voceros del régimen hablaron entonces de las penalidades que eso significaría para SEMAPA, que tendría que indemnizar a Bechtel con 25 millones de dólares, una demanda que años después, efectivamente, la firma presentaría en tribunales extranjeros, argumentando la “pérdida de futuras ganancias”.
Llegó abril y en La Paz y El Alto las protestas crecían, mientras la lucha se mantenía en Cochabamba, una ciudad virtualmente paralizada por 60 días. Súbitamente el Ejército se acuarteló. El gobierno se venía abajo. Los periódicos publicaron declaraciones de un ejecutivo de Bechtel, quien presa de la ira llegó a decir que Bolivia estaba perdiéndose las millonarias inversiones que planeaban realizar, en una operación que para su empresa únicamente representaría ganancias de 58 millones de dólares anuales.
Finalmente el gobierno de Hugo Bánzer se vio obligado a anular el contrato y las aguas volvieron literalmente a su nivel. Las lluvias se intensificaron y la población de Cochabamba volvió a bañarse a campo abierto. Los tiempos de Aguas de Tunari quedaron atrás como una pesadilla.
(*) THE CORPORATION, a film by Mark Achbar, Jennifer Abbot & Joel Bakan. Contiene declaraciones de Noam Chomsky, Milton Friedman, Naomi Klein, Michael Moore, entre muchos otros. Ganador del premio SUNDANCE en la categoría World Cinema-Documentary Audience Award
