AGP-MVLL: Crónicas del futuro
Publicado por Ismael Leon en 10 Febrero, 2008
Por Ismael León Arias
Alan García Pérez y Mario Vargas Llosa se han abrazado en público y han posado en Palacio de Gobierno como si su futuro no les importara. Satisfechos de sí mismos, despreocupados del juicio de la posteridad, este re-encuentro al parecer los hizo felices, aunque a muchos de ahora les importara un rábano.
Han pasado veinte años desde que el escritor enfrentó por primera vez al político, a raíz del frustrado intento de nacionalizar la banca. Aquello fue el lejano 1987. Pocos años después, en 1990, Vargas Llosa postularía sin éxito a la presidencia de la república, al frente de una coalición de la derecha peruana.
Con el apoyo de García y su partido esa elección la ganó Fujimori, quien sin rubor aplicó el programa económico de esa derecha que había apostado por el novelista. El dirigente aprista, dos años después, huía boyante al exilio parisino, ante las mortales amenazas del japonés envalentonado por Montesinos.
En todos estos años los grandes negocios prosperaron. La minería apostó fuerte y ganó con creces; la banca prestó mucho pero elevó sus intereses como en ningún otro país del mundo; el negocio de las pensiones fue autorizado a llevarse el dinero afuera e invertirlo sin control; el petróleo se lo entregaron a los españoles y el gas fue exportado sin que nadie piense en petroquímica.
Creció el PBI, las utilidades batieron récords, “El Comercio” nunca fue más feliz, los chilenos igual. Jamás en el Perú se habían cobrado tantos royalties; abundaron las fusiones off shore en bancos de Suiza y el Caribe para que los peruanos ni se enteren; las exoneraciones tributarias que regaló Fujimori se mantuvieron once años después para “no dar malas señales al mercado”.
¿Qué más? Ahh, el turismo extranjero aumentó, pero como los paquetes se vendieron en Tokio, Shangai, Nueva York o Madrid, los locales se limitaron a recibir propinas. Y cuando alguien planeó construir un aeropuerto internacional en Cusco para saltarse la capital, los hoteleros limeños congelaron la idea.
Análisis económicos aparte, el 2008 Varguitas tuvo una apretada agenda en Madrid, con miras a la creación de otro partido de derecha. Bush lo quiso en Washington para volver a conversar sobre Irak y ese libro que tanto le gustó.
El futuro cercano
Pero eso fue ayer. Con los años el político y el novelista volvieron a juntarse y ahondaron la amistad. Se encontraron una vez en París, otra en Berna y –cómo no- en Madrid. No es fantasioso imaginar que hablaron con nostalgia de ese Perú que se les fue de las manos. Discutieron entonces cómo ayudar a derrocar a ese gobernante de una coalición popular que nacionalizó minas e hidrocarburos, luego de tensas negociaciones con las transnacionales.
En estos años las nuevas generaciones de peruanos siguen leyendo “La ciudad y los perros”, “Conversación en la catedral”, “La casa verde” y “La fiesta del Chivo”. A esos jóvenes les importa muy poco la biografía política del escritor; no saben si nació en Piura o en Arequipa. “Pantaleón y las visitadoras” es un libreto teatral atribuido a un colombiano, que monta la obra en escuelas amazónicas.
Quien ha desaparecido de la memoria peruana es el político sin obra Alan García Pérez. Dos gobiernos suyos, cero balas, pero hundió para siempre a su partido. Participó de la corrupción y la injusticia imperantes en esos años. Dejó la salud pública más grave que nunca, la educación fue desaprobada durante su segundo régimen, hasta quedar en el último escalón en América Latina. El abandono moral campeó en todos los rincones, los valores se invirtieron, las coimas se hicieron tan públicas como impunes.
Una enciclopedia política de mediados del siglo XXI lo registra así:
“Alan García Pérez: político peruano del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana –APRA-, dos veces presidente de la república por elección popular (1985-1990 y 2006-2011). En su primer gobierno provocó la más grande inflación monetaria de la historia de su país y de América Latina. Se le responsabilizó por la matanza de cientos de presos inermes en la isla El Frontón y en el penal de Lurigancho. En su segundo gobierno incumplió todas las promesas de su campaña electoral. La economía creció a un ritmo promedio de 7 por ciento anual y las transnacionales multiplicaron varias veces sus ganancias. La pobreza aumentó exponencialmente. En ese período surgieron nuevos movimientos populares, como el que respalda al actual gobernante con elevados índices de aprobación.
Lima, 4 de febrero 2008
