Tartufo en Palacio
Publicado por Ismael Leon en 21 Noviembre, 2007
Escribe Ismael León Arias
Si Alan García hubiera tenido algún poder en la Francia de mediados del siglo XVII, cuando Moliere estrenó Tartufo, igual que el rey habría censurado la obra por su argumento irreverente y subversivo. Y así como el monarca francés tuvo respaldo en el obispo de París, García habría pedido y conseguido apoyo del Cipriani de la época.
Comparo a García con Tartufo, luego de leer la entrevista exclusiva que el presidente le dio al diario La Razón, de los hermanos Wolfenzon, beneficiarios de la mafia Fujimori-Montesinos. La moral de Tartufo se expresa en cada palabra de García, que revela desconocer hasta las reglas de un burdel, ganándose cada día la descalificación para gobernar por incapacidad moral.
Como Tartufo representa al sinvergüenza, caradura e impostor, disfrazado de creyente devoto, respetuoso de la ley y de las buenas costumbres. Tipos así abundaban en la Europa de entonces, reino de la corrupción y el desánimo colectivos, como hoy se multiplican aquí, animados por la certeza de impunidad y el ejemplo de sus gobernantes.
Moliere imagina a Tartufo infiltrándose en el seno de una buena familia, para favorecer sus propios intereses. Lo consigue manipulando a Orión, un patriarca al que convierte en su títere, hasta el punto de manejar completamente su vida, la de su mujer y sus hijos.
Como García, Tartufo es inepto pero tiene mucha labia; conoce los resortes psicológicos de la gente y sabe penetrar en sus debilidades. Como Tartufo, García se aprovecha de la ingenuidad de muchos peruanos, que todavía creen en sus frases sin sentido, huachafas y engañosas.
Vamos a la entrevista periodística en La Razón. García hace la salvedad que la concede como abogado, no en su condición de presidente. Una confesión de hipocresía y muestra de ignorancia. Porque un jefe de Estado representa en todo momento a la nación, no puede ejercer la defensa de particulares. Y como pésimo abogado que es, García opina que Wolfenzon es víctima de un arresto domiciliario excesivo.
AGP desconoce que en tal sentido el Tribunal Constitucional ya ha emitido un fallo, que considera la detención domiciliaria como una medida preventiva, no punitiva; por tanto no comparable con la pena carcelaria, producto de una sentencia. García, entonces, como abogado es un buen charlatán. Pero su desconocimiento del derecho no es lo más grave. Sí lo es que ejerza como defensor de Wolfenzon, fugaz diputado que para burla de sus críticos graficaba penes gigantes con los dedos.
Este es el García que los domingos acude a misa y se persigna, el mismo que intentó seducir (¿o sedujo?) a la mujer de una de sus compañeros; como Tartufo hizo suya a Edelmira, la esposa de Orión, cuya fortuna perseguía incansablemente.
Con su arte Moliere construyó una corrosiva sátira a la moral de su tiempo, que toleraba la corrupción de reyes y poderosos, a condición que los domingos confiesen sus pecados, muestren arrepentimiento público y entreguen a los curas oro para sus templos. La misma moral que castigaba con el infierno a los pecadores pobres, que no podían pagar el precio del perdón católico.
La obra de Moliere podría reponerse en estos tiempos en calles y plazas del Perú. Tal vez si con más humor que antaño. Porque la moral de García se reproduce hoy en el país con el silencio cómplice de las autoridades religiosas oficiales, que como Cipriani miran al cielo y callan en todos los idiomas, a la espera de que el vecino les de una manito en sus pleitos judiciales.
¿Recuerdan los lectores a García besando el anillo de Cipriani mientras de reojo buscaba una cámara de televisión? ¿Recuerdan los días del secuestro masivo en la embajada de Japón, cuando monseñor llegaba a la residencia con cara de cojudo empujando un carrito que ocultaba los micrófonos del SIN?
Qué trágica comedia la de estos años. “Tartufo” García instalado en la casa de Gobierno. “Cojudeces” Cipriani rezando al frente y el “Mudo” Castañeda en el Palacio Municipal. ¿No es de imaginar que de vez en cuando desayunan o almuerzan juntos muertos de la risa?
Lima, 21 de noviembre 2007
