Reo Fujimori, no presidente
Publicado por Ismael Leon en 22 Septiembre, 2007
Por Ismael León Arias
Ahora que la justicia chilena nos mandó de regreso a Fujimori y en unas pocas semanas deberá comenzar su enjuiciamiento, es más necesario que nunca precavernos contra ciertos comportamientos que ya comenzaron a mostrar algunas autoridades del gobierno y del Poder Judicial.
Comencemos con Hugo Otero, el embajador en Chile. Lo primero que dijo al enterarse de la extradición, fue que podía asegurar que en el Perú el Chino sería tratado por los jueces “de acuerdo a su investidura de ex presidente”. Algo muy parecido garantizó el presidente de la Corte Suprema, el doctor Távara.
¿Cuál alta investidura? Antes que nada, Fujimori es un prófugo de la justicia, algo que se le debe recordar mientras viva. Muy claro, prófugo. Salió del país con el cuento de que se iba a Barein, desvió la atención de los periodistas haciéndoles creer que su avión saldría de Las Palmas y se fue por el grupo aéreo 8, con medio ciento de maletas que fueron vistas pero no filmadas, ni siquiera fotografiadas.
“Presidente” es el trato que se les da a los mandatarios que cumplieron su período normalmente y salieron con la frente en alto. Inclusive a aquellos que fueron arrancados del poder por un golpe de estado. Pero si el tipo renuncia al cargo desde el extranjero, y por la vía del fax, quiere decir que abandonó su responsabilidad y nos dejó colgados.
“Reo” es el sustantivo que le corresponde. Con él se designa a las personas detenidas por deudas con la justicia, especialmente si son acusados por crímenes de lesa humanidad, aunque estén en la etapa del juicio, con muy serias evidencias en su contra, como el caso del japonés.
“Señor”, tampoco. Este es un calificativo muy difícil de obtener. En el mundo hay millones de ingenieros y doctores; ni qué decir de los magistrados que pululan por allí, con los bolsillos abiertos a toda oferta. Pero señores, la verdad es que son de los más escasos. Esos jamás se corren.
Los fujimoristas
Fujimori es lo más parecido a esos dictadorzuelos sudamericanos, o africanos, que hasta se han inventado seguidores con sueldo del Estado. Allí tenemos a esa cohorte de sinvergüenzas que son esos 13 congresistas que viven con elevados sueldos exprimidos al Estado para dedicarse a cacarear en el establo, como las gallinas entre el ganado. Provoca nauseas ver y escuchar a la huanuqueña Cuculiza, o a ese demente de apellido Raffo, o esa insignificante Martha Moyano, que debe provocarle estertores a su hermana mártir, María Elena.
Esos 13 bien podrían ser desaforados por hacer “apología del terrorismo”, o lo que es lo mismo, dedicarse al culto personal de un ladrón y asesino. ¿Para eso están en el Parlamento? ¿El Estado peruano les paga para que se dediquen a la defensa de un delincuente prontuariado y fichado internacionalmente?
Párrafo aparte para la consternación de Alan García y Jorge del Castillo. Este último calificó de “patraña” al evidente pacto político entre su partido y la banda del Chino. Es que Del Castillo quisiera que el fallo de la justicia chilena borre esa repulsiva complicidad.
Pero el primer ministro nunca podrá explicarle al país cómo los fujimoristas tienen una de las vice presidencias del Congreso? ¿Podría decirnos, además, qué clase de milagro ha permitido que esos mismos fujimoristas presidan la comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, que han venido usando descaradamente para apoyar a su jefe ante las autoridades chilenas?
Ni olvido ni perdón. Ni respeto para el asesino y ladrón
22 setiembre 2007
