Por Ismael León Arias
Primer error del presidente Toledo en su reciente mensaje al país: Las cartas en las que pide el levantamiento de su secreto bancario en el Perú y el mundo, debió dirigirlas al Presidente del Congreso, don Antero Florez Aráoz, no a la Fiscal de la Nación y menos a la Contraloría General de la República, dirigida por un amigo y empleado público, subordinado suyo.
La carta debió comunicarla al Parlamento, porque es allí donde se lleva a cabo una delicada investigación que lo compromete, referida a la cervecera colombiana Bavaria y la adquisición de acciones de Backus. Un mínimo de sentido político y de elegancia debió llevar esas cartas al flamante presidente del Congreso.
Por lo demás, la gente se pregunta: Si Toledo tuviera, como se sospecha, algunos millones de dólares de origen ilícito en algunos bancos de Suiza o Bahamas, ¿acaso los habría depositado a su nombre? Imposible, ¿no es cierto? Pérdida de tiempo, entonces.
Segundo error del mandatario. Hablar en nombre de su mujer, cuando todos sabemos que este tipo de pedidos se hacen a título personal y nada ni nadie puede reemplazar a la voluntad de doña Eliane Karp. No pues.
Tercer grave error del señor Toledo. Si es él quien está bajo sospecha, no tiene derecho a exigir a los 120 congresistas, centenares de políticos, miles de candidatos y centenares de miles de funcionarios públicos, que dispongan la apertura de sus cuentas bancarias. Eso da lugar a que mucha gente piense: “El ladrón cree que todos son de su misma condición”. Y así no es.
Antes de semejante confusión, lo que el Presidente debió hacer es exigir públicamente a su cónyuge, Eliane Karp, y a sus hermanos Pedro y Margarita, que se pongan a disposición de los procuradores y jueces del país y asistan a las citaciones que les hacen desde diferentes despachos judiciales. No de otra manera.
El señor Presidente, entonces, ha echado a perder otra magnífica oportunidad de corregir sus errores y más bien ha incurrido en otros nuevos, pensando tal vez que así puede llegar al 2006, entre rengueando y cojeando. Y eso es imposible.
Agosto 2005
